El camino de un hombre empieza dentro de sí mismo.

El camino de un hombre empieza dentro de sí mismo.

Dios conoce tu nombre y te llama

En ocasiones, nos encerramos tanto en el laberinto de nuestras propias heridas que terminamos perdiendo la perspectiva de la realidad. Nos obsesionamos con encontrar una razón lógica o un porqué al sufrimiento que experimentamos, creyendo que la respuesta aliviará el dolor. Sin embargo, ese ensimismamiento actúa como un ruido de fondo que nos impide escuchar la voz de Dios. Al quedarnos detenidos en el punto exacto de ese momento doloroso, nuestra memoria se nubla y terminamos olvidando, todas las maravillas que Dios ya ha realizado en nuestra vida.

Esta parálisis nos deja inertes, repitiendo la experiencia de María Magdalena frente al sepulcro vacío. Ella estaba allí, llorando desconsoladamente ante una tumba que ya no contenía a quien buscaba, sin darse cuenta de que el Señor había resucitado. A veces, nuestras lágrimas por lo que perdimos o por lo que nos duele son tan densas que no nos dejan reconocer a Jesús, quien está a nuestro lado llamándonos por nuestro nombre. Nos quedamos contemplando el vacío, ignorando que la vida ya ha vencido a la muerte.

La invitación hoy no es a negar el dolor, sino a no rehuir de él. El sufrimiento, cuando se intenta evadir a toda costa, se vuelve más amargo, más extenso y persecutorio. El secreto de la paz no reside en la ausencia de problemas, sino en la capacidad de asumir la propia realidad con valentía. Acepta tu situación actual, toma tu cruz y ofrécela a Dios como un sacrificio vivo. Cuando dejas de pelear contra la existencia de tu cruz y empiezas a caminar con ella, el peso se vuelve compartido, porque Cristo ya la cargó primero por ti.

Finalmente, recuerda que Dios tiene una misión específica para ti que requiere que te pongas en movimiento. El sufrimiento es solo una estación en el camino, pero nunca debe ser el destino final. No permitas que el dolor defina quién eres ni que detenga el propósito que Dios te ha confiado. Tu historia no termina en el sepulcro ni en la herida; tu historia continúa en el servicio, en el amor y en la entrega a los demás. Levanta la mirada, pues hay una misión esperando por tus manos y que Dios te capacita para cumplirla.

Escucha a Dios que te llama por tu nombre y te dice: “No temas. Sé valiente. Sé fuerte.”

Recent Comments

No hay comentarios que mostrar.

New membership are not allowed.

El camino de un hombre empieza dentro de sí mismo.