El camino de un hombre empieza dentro de sí mismo.

El camino de un hombre empieza dentro de sí mismo.

San José Moscati: El médico que veía a Cristo en cada paciente

Déjame contarte sobre un hombre que demostró que la santidad no requiere un hábito religioso ni las paredes de un monasterio. Solo requiere un corazón dispuesto a servir.

José Moscati era brillante. A los 30 años ya era famoso por diagnósticos que parecían milagrosos. Pudo haber sido rico, célebre, cómodo, pero eligió algo radicalmente diferente: eligió ver a Cristo en cada enfermo que tocaba sus manos.

Siendo adolescente, su hermano sufrió un terrible accidente y desarrolló epilepsia. José vio de cerca la fragilidad de la vida. Desde la ventana de su casa veía el Hospital de los Incurables. Y en lugar de apartar la mirada, sintió un llamado: «Mi lugar está al lado de los enfermos.»

Muchos hombres, al ser golpeados por el sufrimiento, se vuelven amargos. José permitió que ese dolor lo despertara al servicio.

Estudió medicina cuando el materialismo dominaba las universidades. Muchos veían la religión como incompatible con la ciencia. Pero José asistía a Misa diaria y recibía la Eucaristía cada mañana antes del hospital. Cuando le preguntaban cómo lograba diagnósticos tan precisos, respondía: «Es gracias a la oración. Dios es el creador de la vida, nosotros los médicos solo somos sus colaboradores indignos.»

No cobraba a los pobres. De hecho, él les pagaba el tratamiento. En su sala de espera había una cesta con esta inscripción: «Quien puede pagar algo, lo ponga, y quien necesite algo, lo tome.»

Una vez curó a un trabajador que quiso pagarle con todos sus ahorros. José rechazó el dinero pero le pidió: «Ve a confesarte. Porque es Dios quien te ha salvado.»

Cuando el Vesubio entró en erupción en 1906, José corrió hacia el peligro. Evacuó personalmente a cada paciente del hospital. Sacó al último enfermo justo antes de que el edificio se derrumbara.

En 1911, durante una epidemia de cólera, mientras otros se encerraban por miedo, José estuvo al frente atendiendo enfermos sin temor al contagio.

La valentía cristiana no es ausencia de miedo. Es actuar a pesar del miedo, porque hay algo más importante que tu seguridad: el mandamiento de amar.

José eligió el celibato para tener más tiempo para sus pacientes. Vivió en sobriedad franciscana. En cada rostro enfermo, veía el rostro de Jesús sufriente.

El 12 de abril de 1927, murió de un ataque al corazón a los 47 años, habiendo vivido más intensamente que muchos que viven el doble. Fue canonizado por San Juan Pablo II en 1987, precisamente al final del Sínodo sobre la vocación de los laicos. Un mensaje claro: no necesitas ser sacerdote para ser santo. Necesitas servir donde estás, con lo que tienes.

José Moscati te hace una pregunta incómoda: ¿Estás usando tus talentos solo para ti, o los estás poniendo al servicio de los demás?

No necesitas ser médico. Sea cual sea tu profesión, tu llamado es el mismo: ver a Cristo en cada persona que se cruza en tu camino.

¿Ese compañero que todos evitan? Cristo está ahí. ¿Ese vecino enfermo que nadie visita? Cristo está ahí. ¿Ese hijo que necesita tu tiempo más que tu dinero? Cristo está ahí.

José Moscati no esperó a retirarse para servir. No esperó a tener más dinero para ser generoso. Sirvió hoy, donde estaba, con lo que tenía.

Y tú, hermano, ¿qué estás esperando?

San José Moscati, ruega por nosotros. Enséñanos a servir con excelencia, a amar con generosidad, y a ver en cada hermano el rostro de Cristo. Amén.

New membership are not allowed.

El camino de un hombre empieza dentro de sí mismo.