Padre de Misericordia, te doy las gracias por haberme regalado el día que termina. Gracias por los bienes espirituales y materiales que me otorgaste. Te presento las acciones hechas según tu voluntad e imploro tu perdón por las desobediencias que cometí. Me presento ante ti al acostarme y que de tus manos dependa mi alma; mas si no llego a ver nuevamente el sol, ten piedad de mí y purifícame hasta que pueda contemplar el resplandor de tu rostro; y si te place regalarme un día más, dame la gracia necesaria para cumplir tu voluntad. ¡Oh, Dios!, inúndame cada día con tu Espíritu Santo, te lo imploro, por la herida del Sagrado Corazón de Jesús, tu Hijo Amado, y por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
centinela

