El camino de un hombre empieza dentro de sí mismo.

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Feliz como cerdo en el lodo

Un hombre subió a un autobús en una estación y se sentó al lado de un fraile que leía la Biblia. Durante más de quince minutos, el hombre intentó entablar conversación comentándole diversos temas; sin embargo, el religioso permaneció concentrado en su lectura. Finalmente, el hombre le preguntó de frente:

—¿Es usted feliz?

El fraile detuvo su lectura, lo miró con una sonrisa y respondió:

—Gracias a Dios, soy muy feliz. ¿Y usted?

—Tan feliz como cerdo en el lodo —contestó el hombre con picardía.

Ante tal expresión, el fraile ripostó con firmeza:

—Lástima que un hijo de Dios tenga que revolcarse en el lodo del pecado para experimentar la felicidad.

Dicho esto, volvió a abrir su Biblia y continuó leyendo.

Aquel hombre quedó conmocionado ante el comentario. Durante más de media hora permaneció sumido en sus pensamientos, hasta que el fraile solicitó la parada en la próxima estación. En ese último instante, el hombre se armó de valor y añadió:

—Sabe, cuando era niño… fui realmente feliz.

A lo que el fraile, con una sonrisa compasiva, concluyó:

—Nunca es tarde para volver a ser plenamente feliz en Dios. Recuerde siempre: Dios es felicidad sin lodo.

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El camino de un hombre empieza dentro de sí mismo.