Cuan difícil es encontrar hoy un hombre con un corazón casto y puro. Pareciera que la impureza se extiende de un hombre a otro, cual virus respiratorio. Basta con escuchar las conversaciones regulares a las que los hombres de hoy dan asentimiento para diagnosticar este virus. ¿Es que no saben que estas conversaciones laceran el corazón de Dios? ¿Es que no saben que así van destruyendo la imagen de Dios en ellos? ¿Cómo caminarán en santidad si su voluntad no se inclina hacia ella?
Hoy, ciertamente se hace difícil combatir por fuerzas propias este virus. Se hace necesario que el hombre que quiera agradar a Dios busque refugio en el corazón de Jesús, para obtener las fuerzas de ser testigo de la pureza en un mundo contaminado y que hoy más que nunca necesita testigos firmes y fuertes de la pureza.
Nada hay imposible para Dios. Basta con que despiertes y te darás cuenta, que con su gracia, puedes tener un corazón casto y puro en medio de una sociedad que ha normalizado lo inmoral.
¿Y después? Debes pedir a diario de todo corazón su gracia para perseverar y permanecer unido a su corazón, para que con tu testimonio puedas atraer a otros a esta virtud tan querida por Dios para todos su hijos.
!Oh, Jesús misericordioso! dame un corazón manso y humilde como el tuyo. Amén.

