Hoy quiero presentarte uno de los santos, que a mi parecer, todo católico debe tener entre sus preferidos: san Miguel arcángel.
«Miguel» en hebreo es: Mi-ka-El. ¿Quién como Dios? Más que una pregunta retórica, es un grito de guerra. Una guerra que empezó en el inicio de la creación y que se extiende en el tiempo hasta el triunfo final de nuestro Señor Jesucristo. El Apocalipsis lo describe así: «Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron con el dragón» (Ap 12,7). No fue una batalla de fuerza bruta. Fue una batalla de lealtad. Y Miguel venció porque su valentía no venía de sí mismo, sino de su unión total con Dios.
La Iglesia nos enseña que San Miguel no es una reliquia del pasado. Es un guerrero activo ahora mismo, combatiendo en el ámbito espiritual las fuerzas que buscan destruir tu alma, tu familia, tu fe.
El Papa León XIII, después de tener una visión aterradora de los ataques de Satanás contra la Iglesia, compuso la famosa oración a San Miguel que se rezó después de cada Misa durante décadas:
Arcángel san Miguel, defiéndenos en la lucha.
Sé nuestro amparo contra la perversidad
y las asechanzas el demonio.
Pedimos suplicantes, que Dios lo mantenga bajo su imperio.
Y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja con el poder divino,
en el infierno a Satanás, y a otros espíritus malignos
que andan por el mundo tratando de perder las almas.
Amén.
Papa Pio XIII
La coronilla angélica
En 1751, San Miguel se apareció a la sierva de Dios Antonia d’Astonac, una monja carmelita portuguesa, revelándole una poderosa devoción: la Coronilla de San Miguel Arcángel.
San Miguel prometió a quien rezara esta coronilla diariamente nueve favores extraordinarios:
- Acompañamiento de un ángel de cada coro angelical
- Protección especial en vida
- Ayuda constante en la conversión de pecadores cercanos
- Asistencia en la hora de la muerte
- Liberación de las almas del Purgatorio de su familia
- Pureza de alma y cuerpo
- Fervor en el servicio a Dios
- Bendición de Dios en todas sus empresas
- Defensa contra los demonios
Esta coronilla consiste en rezar nueve saludos, uno por cada coro de ángeles, honrando así a toda la milicia celestial bajo el liderazgo de San Miguel.
Aunque esta revelación es privada, (y por ende no es obligatoria para los fieles católicos), ha sido promovida por numerosos santos y Papas por sus frutos espirituales evidentes.
¿Qué me enseña san Miguel?
Vivimos en una época donde el enemigo ha logrado convencer a muchos de que no existe. Para muchos, la batalla espiritual se ha convertido en metáfora poética. Donde los hombres católicos han olvidado que fueron llamados a ser guerreros.
San Miguel te grita una verdad que necesitas oír: La batalla es real. Y tú estás en ella, lo quieras o no.
Cada día enfrentas tentaciones que buscan destruirte. Adicciones que te encadenan. Complacencia que te adormece. Cobardía que te paraliza. El enemigo no descansa, y tú no puedes darte el lujo de pretender que estás en paz cuando estás en guerra.
Pero aquí está la buena noticia: No peleas solo.
San Miguel y sus ángeles están contigo. Cuando invocas su nombre, cuando pides su intercesión, cuando decides vivir con su misma fidelidad absoluta, las fuerzas del infierno retroceden.
Cuando tu orgullo te susurre que tú sabes mejor, que resuene en tu corazón: ¿Quién como Dios?. Cuando la lujuria te prometa satisfacción, que resuene en tu corazón: ¿Quién como Dios?. Cuando la pereza te invite a abandonar, que resuene en tu corazón: ¿Quién como Dios?. Cuando el mundo te diga que ser fiel es ser débil, que resuene en tu corazón: ¿Quién como Dios?. Y la tentación huirá.
El mundo necesita hombres que, como san Miguel, sepan gritar con su vida entera: «¿Quién como Dios? Nadie como Dios. Nosotros servimos. Nosotros adoramos. Nosotros permanecemos fieles hasta el final.»
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Enséñanos tu valentía. Fortalece nuestra fidelidad. Y llévanos a la gloria eterna. Amén.




